domingo, 10 de julio de 2011
Alma desnuda
"Siempre es terrible ver a un hombre que se cree absoluta y seguramente solo, pues hay en él algo trágico, quizás hasta de sagrado, y la vez, horrendo y vergonzoso. Siempre -decía- llevamos una máscara, una máscara que nunca es la misma sino que cambia para cada uno de los papeles que tenemos asignados en la vida: la del profesor, la del amante, la del intelectual, la del marido engañado, la del héroe, la del hermano cariñoso. Pero ¿qué máscara nos ponemos o qué máscara nos queda cuando estamos en soledad, cuando creemos que nadie, nadie, nos observa, nos controla, nos escucha, nos exige, nos suplica, nos intima, nos ataca? Acaso el carácter sagrado de ese instante se deba a que el hombre está entonces frente a la Divinidad, o por lo menos ante su propia e implacable conciencia. Y tal vez nadie perdone el ser sorprendido en esa última y escencial desnudez de su rostro, la mas terrible y la mas escencial de las desnudeces, porque muestra el alma sin defensa."
sábado, 9 de abril de 2011
Un poco de botánica
Mi papá es un fanático de las plantas. Las cuida, las riega, las poda… y creo que alguna vez, cuando yo era chico, lo enganché hablándoles… el me decía que para que las plantas crezcan había que hablarles. El siempre tiene muchas plantas...
Lo curioso de las plantas son los nombres. Creo que no hay mejor expresión de la sabiduría popular que los nombres de las plantas. ¿Quién le puso los nombres a las plantas?, dejemos de lado el nombre científico que ni siquiera a los biólogos les gusta… digo… ¿a quién se le ocurrió “Alegría del hogar”? ¿no será muy pretencioso? ¿en qué contexto habrá bautizado así a la colorida plantita? ¿sería una persona triste, con alguna enfermedad, en un país en guerra y esa florcita realmente traía alegría a su hogar?... “Enamorada del muro”… ¿la habrá bautizado un poeta? ¿o un alma triste por un amor no correspondido, consciente de que ese corazón estaba realmente enamorado de otra alma, representada en este caso, claro, por el muro? ¿Quién habrá propuesto “Palo borracho”… habrá sido un borracho que de regreso de la juerga, tambaleante, chocó contra el espinoso árbol?... ¿Quién dijo “Mala madre”, un huerfanito abandonado por su madre? ¿o un cura enojado con alguna monja? ¿De dónde salió “Pan de azúcar”? ¿se le habrá ocurrido a un diabético? ¿o a un panadero? ¿y cómo se le habrá ocurrido?, porque esa florcita no se parece en nada ni a un pan ni al azúcar. “Coronita de Cristo”, creo que ese nombre lo puso algún religioso ortodoxo, conservador del sufrimiento en la vida que proponen las sagradas escrituras. La pregunta es: cuando le pusieron a Cristo la famosa corona, ¿la planta todavía no tenía nombre?. Este es genial: “Sauce llorón”. Ese seguramente lo inventó un hombre triste que vio un parecido entre las ramas colgantes del solitario árbol y su torrente de lágrimas, quizá por el duelo de alguna pérdida. “Pensamiento” ¿lo propuso un filósofo que trataba de elaborar su tesis mientras observaba fijamente la flor? ¿o un célebre matemático que se aburrió de las matemáticas y se dedicó a poner nombres a las flores?. Uno infantil: “Rayito de sol”, que tierno… ¿lo habrá nombrado un niño que estuvo jugando con la florcita al mediodía, en verano y terminó con quemaduras de 1° grado?. Y este: “Dama de noche”, ¿muy gráfico no? que cada uno saque sus conclusiones. Ni el pasto se salvó: “Orejita de ratón”. Una señora con su casa infectada de ratones, ya los conoce tan bien que pudo encontrar el enorme parecido entre la oreja del roedor y la hojita verde del césped.
Y así podríamos estar un largo rato tratando de recrear cómo fue que la sabiduría popular se encargó de poner nombres a las plantas.
¿Existirán todavía plantas que no hayan sido bautizadas?, yo creo que sí, así que si llegan a encontrar alguna, apúrense a ponerle nombre antes de que alguien les gane de mano.
Paradoja singular: el único árbol que no tiene vida se llama “Árbol de la vida”.
viernes, 25 de marzo de 2011
Los defensores de la propiedad privada
"En el año 1977, siendo comandante del Segundo Cuerpo de Ejército, en Rosario, el general Galtieri ordenó el ataque a una pareja de ciegos en Rosario. Fueron tropas organizadas de Gendarmería y del Ejército, abrieron brutalmente la casa y el vecindario pudo ver cómo se llevaban al matrimoio de jóvenes ciegos, su pequeño hijo de tres años y hasta su perro lazarillo. Horas después llegaron los camiones del Ejército, que se llevaron todos los muebles, hasta el triciclo de ese pequeño niño. Los militares querían saber dónde estaba el hermano del ciego, que había sido dirigente de la izquierda peronista. Los ciegos murieron en la tortura. Imagino el horror de esas personas que no sabían el momento en que les iban a aplicar la picana eléctrica y no sabían lo que les estaban haciendo. El niño quedó huérfano, y fue después entregado a una amiga del matrimonio que se lo devolvió a una abuela."
jueves, 17 de febrero de 2011
¿Para qué?
"Y un día mas terminó en Buenos Aires: algo irrecuperable para siempre, algo que inexorablemente lo acercaba un paso mas a su propia muerte. ¡Y tan rápido, y al fin tan rápido! Antes los años corrían con mayor lentitud y todo parecía posible, en un tiempo que se extendía ante él como un camino abierto hacia el horizonte. Pero ahora los años corrían con creciente rapidez hacia el ocaso, y a cada instante se sorprendía diciendo: "hace veinte años, cuando lo ví por última vez", o alguna otra cosa tan trivial pero tan trágica como esa; y pensando en seguida, como ante un abismo, que poco, que miserablemente poco resta de aquella marcha hacia la nada. Y entonces, ¿para qué?"
sábado, 29 de enero de 2011
En sus marcas, listos, ya!
Tal vez esta reflexión quede mejor analizada por algún estudiante de sociología, o recursos humanos… pero bué, soy yo el redactor, que poco entiendo de estas ciencias y trataré de expresar la idea desde mi punto de vista, desde ya, absolutamente subjetivo y sin ningún rigor académico.
Hace unos días que en mi trabajo me han encomendado una tarea, similar a las que realizo habitualmente, pero con algunas particularidades. La puesta en marcha de los sistemas que instalamos, debía hacerla interactuando con otras personas que se encuentran en Estados Unidos. Como todos se imaginarán, la complicación surgió al momento de la comunicación con esta gente.
Dicen algunos avisos clasificados: "Las competencias requeridas para el puesto son"... bla, bla... competencia...
Por suerte para mí, de chico, mis padres se ocuparon de que yo aprenda inglés. Que quede claro que mi inglés es bastante pobre, no sé utilizar correctamente la gramática, ni los tiempos verbales. Me cuesta bastante entender a alguien cuando habla normalmente. En resumen mi inglés es muy básico y en varias ocasiones tuve que pedir ayuda. Pero de esa forma, con lo poco que aprendí, haciendo un esfuerzo, con la colaboración de mi interlocutor yanqui (que por cierto, no se preocupó por aprender castellano) nos fuimos comunicando, y logramos llevar la tarea a buen puerto.
Mi competencia para esa tarea fue entender inglés, hablar un poco, enviar algunos correos electrónicos, leer algunos documentos, etc. En fin, al menos de esta forma, lograr una comunicación. De nada me hubiera servido saber hablar quechua o guaraní.
La palabra competencia me suena a enfrentamiento, rivalidad, alguien gana y alguien pierde.
Competencia... ¿competencia contra quién? ¿quién es el rival?, si yo no hubiera tenido ese conocimiento del idioma extranjero seguramente el trabajo lo hubiera hecho otra persona ¿ese es mi rival?
Uno de los insultos mas agresivos en el ambiente laboral es: "incompetente", o sea: "no podés competir" ¿Quienes son los que no logran insertarse en el ambiente laboral, tal como está planteado en Buenos Aires (entiéndase cualquier ciudad industrializada, mas o menos parecida a la reina del plata)? son los que no pueden competir... o tal vez no quieran competir. No nos vamos a remontar a la revolución industrial, origen del sistema laboral tal como lo conocemos hoy en día, porque este post sería interminable.
Entonces ¿porqué hay que adaptarse a un sistema competitivo? ¿porqué hay que ganarle al oponente?
Muchas veces nos molesta el que viene a limpiarnos el parabrisas del auto, o el que nos cuida el coche cuando lo dejamos estacionado. El que anda mangueando alguna monedita en el tren, o nos deja una estampita en la mesa del bar. Quizá estas personas no estén dispuestas a competir, contra nadie. A destruir a ningún rival. Y claro está... son perdedores de antemano.
Las compañías, de todos los rubros, también tienen competencia, que serían las otras compañías que se dedican a lo mismo. Y estas empresas son las que exigen competitividad a sus empleados para competir contra otros empleados de las empresas competidoras. Lindo trabalenguas se me armó... Lamentablemente estas empresas valoran a las personas por sus capacidades para competir. No les importan sus valores, sus virtudes como persona, como amigo, como padre o madre, etc. No les importa si es una buena o una mala persona. Solamente si va a ser un buen competidor. Y así la ciudad se llena de garcas... y de boludos, ganadores y perdedores respectivamente. Desde ya que hay ganadores no garcas y perdedores no boludos. Pero el garca se ha propuesto ser un buen competidor, o sea ser útil para su empresa, ser mejor que los otros competidores, a cualquier precio. Buenos Aires nos impone esta condición, y los que no quieren participar de la competencia quedan excluidos de la sociedad.
Sinceramente, me cuesta imaginar otra forma de vivir, mas sana, mas tolerante, mas solidaria.
Entonces, esperemos que el estrés no nos gane y estemos bien entrenados para la dura competencia. Que quede en la conciencia de cada uno si es o no un garca.
Hace unos días que en mi trabajo me han encomendado una tarea, similar a las que realizo habitualmente, pero con algunas particularidades. La puesta en marcha de los sistemas que instalamos, debía hacerla interactuando con otras personas que se encuentran en Estados Unidos. Como todos se imaginarán, la complicación surgió al momento de la comunicación con esta gente.
Dicen algunos avisos clasificados: "Las competencias requeridas para el puesto son"... bla, bla... competencia...
Por suerte para mí, de chico, mis padres se ocuparon de que yo aprenda inglés. Que quede claro que mi inglés es bastante pobre, no sé utilizar correctamente la gramática, ni los tiempos verbales. Me cuesta bastante entender a alguien cuando habla normalmente. En resumen mi inglés es muy básico y en varias ocasiones tuve que pedir ayuda. Pero de esa forma, con lo poco que aprendí, haciendo un esfuerzo, con la colaboración de mi interlocutor yanqui (que por cierto, no se preocupó por aprender castellano) nos fuimos comunicando, y logramos llevar la tarea a buen puerto.
Mi competencia para esa tarea fue entender inglés, hablar un poco, enviar algunos correos electrónicos, leer algunos documentos, etc. En fin, al menos de esta forma, lograr una comunicación. De nada me hubiera servido saber hablar quechua o guaraní.
La palabra competencia me suena a enfrentamiento, rivalidad, alguien gana y alguien pierde.
Competencia... ¿competencia contra quién? ¿quién es el rival?, si yo no hubiera tenido ese conocimiento del idioma extranjero seguramente el trabajo lo hubiera hecho otra persona ¿ese es mi rival?
Uno de los insultos mas agresivos en el ambiente laboral es: "incompetente", o sea: "no podés competir" ¿Quienes son los que no logran insertarse en el ambiente laboral, tal como está planteado en Buenos Aires (entiéndase cualquier ciudad industrializada, mas o menos parecida a la reina del plata)? son los que no pueden competir... o tal vez no quieran competir. No nos vamos a remontar a la revolución industrial, origen del sistema laboral tal como lo conocemos hoy en día, porque este post sería interminable.
Entonces ¿porqué hay que adaptarse a un sistema competitivo? ¿porqué hay que ganarle al oponente?
Muchas veces nos molesta el que viene a limpiarnos el parabrisas del auto, o el que nos cuida el coche cuando lo dejamos estacionado. El que anda mangueando alguna monedita en el tren, o nos deja una estampita en la mesa del bar. Quizá estas personas no estén dispuestas a competir, contra nadie. A destruir a ningún rival. Y claro está... son perdedores de antemano.
Las compañías, de todos los rubros, también tienen competencia, que serían las otras compañías que se dedican a lo mismo. Y estas empresas son las que exigen competitividad a sus empleados para competir contra otros empleados de las empresas competidoras. Lindo trabalenguas se me armó... Lamentablemente estas empresas valoran a las personas por sus capacidades para competir. No les importan sus valores, sus virtudes como persona, como amigo, como padre o madre, etc. No les importa si es una buena o una mala persona. Solamente si va a ser un buen competidor. Y así la ciudad se llena de garcas... y de boludos, ganadores y perdedores respectivamente. Desde ya que hay ganadores no garcas y perdedores no boludos. Pero el garca se ha propuesto ser un buen competidor, o sea ser útil para su empresa, ser mejor que los otros competidores, a cualquier precio. Buenos Aires nos impone esta condición, y los que no quieren participar de la competencia quedan excluidos de la sociedad.
Sinceramente, me cuesta imaginar otra forma de vivir, mas sana, mas tolerante, mas solidaria.
Entonces, esperemos que el estrés no nos gane y estemos bien entrenados para la dura competencia. Que quede en la conciencia de cada uno si es o no un garca.
martes, 11 de enero de 2011
Dulce? navidad
Como todos los años, o mejor, los fines de año, los festejos de navidad y año nuevo, con cierta parte de mi familia, acostumbramos a reunirnos varios integrantes, padres, tíos, primos, sobrinos, nietos, abuelos, etc...
Generalmente no es un gran festejo, es sólo una cena, por supuesto distinta a cualquier otra cena, con comidas que no se comen durante el resto del año. A las 12, la vueltita alrededor de la mesa, el brindis, y mas menos a la una, una y media la cosa va terminando, ya todos estamos aburridos, y empezamos a malhumorarnos por el sueño que va ocupando el lugar de la música.
Es interesante lo que sucede en mi familia los días previos al popular festejo… espero ser descriptivo…
Algunos proponen, sin decirlo, claro, una pulseada, una competencia cuyo ganador será el que imponga su voluntad sobre el tema en disputa. El tema en sí no importa demasiado, lo que importa es el duelo. Lleno de habladurías por lo bajo, de dobles sentidos, de falsas interpretaciones, el teléfono descompuesto hace su trabajo y algunos terminamos sin ganas de brindis, ni familia, ni vitel toné, ni papá noel, ni nada… Terminamos llegando a la cena con ganas de irnos… a veces nos lastimamos, hacemos comentarios realmente hirientes, y claro, algunos mas sensibles que otros terminan profundamente decepcionados, tristes, preguntándose cómo fue que sucedió.
El amor existe, pero lamentablemente para estas épocas, siempre está teñido de mala leche. Siempre está la disputa de quién la tiene mas grande y quién, a fuerza de desgastar a todos termina logrando su propósito.
Entonces me pregunto, si siempre sucede lo mismo, ¿para qué insistir, para qué volver a proponer tal juntada familiera que sólo conduce a caras largas?
¿Será que siendo muchos en la reunión no nos sentimos tan solos y estamos dispuestos a bancarnos mutuamente?
Creo que la solemnidad de la institución familiar le impone un valor agregado a la situación, que no nos permite sincerarnos, decirnos las cosas de frente, mirándonos los ojos, aclarando esos eternos temas que tanto nos molestan, que siempre están enroscados en la garganta y terminan diluyéndose hasta la próxima reunión. Tal vez por miedo a distanciarnos. O mucho peor, por miedo a enfrentarnos.
La herida queda abierta, seguro, y por mas que la distancia no sea física, existe y es grande.
Me queda el consuelo de no ser partícipe directo de la disputa, de no echar leña al fuego. Espero algún día ser un poco mas fuerte y poder alejarme, junto con mi esposa y mi hijo, de la línea de fuego.
Pero los lazos son fuertes, no será nada fácil.
Generalmente no es un gran festejo, es sólo una cena, por supuesto distinta a cualquier otra cena, con comidas que no se comen durante el resto del año. A las 12, la vueltita alrededor de la mesa, el brindis, y mas menos a la una, una y media la cosa va terminando, ya todos estamos aburridos, y empezamos a malhumorarnos por el sueño que va ocupando el lugar de la música.
Es interesante lo que sucede en mi familia los días previos al popular festejo… espero ser descriptivo…
Algunos proponen, sin decirlo, claro, una pulseada, una competencia cuyo ganador será el que imponga su voluntad sobre el tema en disputa. El tema en sí no importa demasiado, lo que importa es el duelo. Lleno de habladurías por lo bajo, de dobles sentidos, de falsas interpretaciones, el teléfono descompuesto hace su trabajo y algunos terminamos sin ganas de brindis, ni familia, ni vitel toné, ni papá noel, ni nada… Terminamos llegando a la cena con ganas de irnos… a veces nos lastimamos, hacemos comentarios realmente hirientes, y claro, algunos mas sensibles que otros terminan profundamente decepcionados, tristes, preguntándose cómo fue que sucedió.
El amor existe, pero lamentablemente para estas épocas, siempre está teñido de mala leche. Siempre está la disputa de quién la tiene mas grande y quién, a fuerza de desgastar a todos termina logrando su propósito.
Entonces me pregunto, si siempre sucede lo mismo, ¿para qué insistir, para qué volver a proponer tal juntada familiera que sólo conduce a caras largas?
¿Será que siendo muchos en la reunión no nos sentimos tan solos y estamos dispuestos a bancarnos mutuamente?
Creo que la solemnidad de la institución familiar le impone un valor agregado a la situación, que no nos permite sincerarnos, decirnos las cosas de frente, mirándonos los ojos, aclarando esos eternos temas que tanto nos molestan, que siempre están enroscados en la garganta y terminan diluyéndose hasta la próxima reunión. Tal vez por miedo a distanciarnos. O mucho peor, por miedo a enfrentarnos.
La herida queda abierta, seguro, y por mas que la distancia no sea física, existe y es grande.
Me queda el consuelo de no ser partícipe directo de la disputa, de no echar leña al fuego. Espero algún día ser un poco mas fuerte y poder alejarme, junto con mi esposa y mi hijo, de la línea de fuego.
Pero los lazos son fuertes, no será nada fácil.
lunes, 10 de enero de 2011
jueves, 30 de diciembre de 2010
De nuevo, por aquí...
Cuando decidí cerrar este blog tenía motivos bastante fuertes para hacerlo. Este espacio se convertia por momentos en una carga, en una molestia, era el medio de un pasado triste del que quería desprenderme. Y de hecho lo conseguí; y cuando lo conseguí, comencé a extrañar "El último disparate". Me dí cuenta que seguía teniendo cosas para contar, frases luminosas para compartir, fotos para mostrar.
Y como muchos sabrán, mi vida tuvo algunos cambios. Importantes cambios. Se llenó de luz y de colores ¿no son motivos suficientes para reflotar "El último disparate"?
Espero no fastidiar con tantas idas y vueltas.
Los vuelvo a invitar entonces, a participar de la forma que deseen. Esta vez no faltarán colores.
Y como muchos sabrán, mi vida tuvo algunos cambios. Importantes cambios. Se llenó de luz y de colores ¿no son motivos suficientes para reflotar "El último disparate"?
Espero no fastidiar con tantas idas y vueltas.
Los vuelvo a invitar entonces, a participar de la forma que deseen. Esta vez no faltarán colores.
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