martes, 11 de enero de 2011

Dulce? navidad

Como todos los años, o mejor, los fines de año, los festejos de navidad y año nuevo, con cierta parte de mi familia, acostumbramos a reunirnos varios integrantes, padres, tíos, primos, sobrinos, nietos, abuelos, etc...
Generalmente no es un gran festejo, es sólo una cena, por supuesto distinta a cualquier otra cena, con comidas que no se comen durante el resto del año. A las 12, la vueltita alrededor de la mesa, el brindis, y mas menos a la una, una y media la cosa va terminando, ya todos estamos aburridos, y empezamos a malhumorarnos por el sueño que va ocupando el lugar de la música.
Es interesante lo que sucede en mi familia los días previos al popular festejo… espero ser descriptivo…
Algunos proponen, sin decirlo, claro, una pulseada, una competencia cuyo ganador será el que imponga su voluntad sobre el tema en disputa. El tema en sí no importa demasiado, lo que importa es el duelo. Lleno de habladurías por lo bajo, de dobles sentidos, de falsas interpretaciones, el teléfono descompuesto hace su trabajo y algunos terminamos sin ganas de brindis, ni familia, ni vitel toné, ni papá noel, ni nada… Terminamos llegando a la cena con ganas de irnos… a veces nos lastimamos, hacemos comentarios realmente hirientes, y claro, algunos mas sensibles que otros terminan profundamente decepcionados, tristes, preguntándose cómo fue que sucedió.
El amor existe, pero lamentablemente para estas épocas, siempre está teñido de mala leche. Siempre está la disputa de quién la tiene mas grande y quién, a fuerza de desgastar a todos termina logrando su propósito.
Entonces me pregunto, si siempre sucede lo mismo, ¿para qué insistir, para qué volver a proponer tal juntada familiera que sólo conduce a caras largas?
¿Será que siendo muchos en la reunión no nos sentimos tan solos y estamos dispuestos a bancarnos mutuamente?
Creo que la solemnidad de la institución familiar le impone un valor agregado a la situación, que no nos permite sincerarnos, decirnos las cosas de frente, mirándonos los ojos, aclarando esos eternos temas que tanto nos molestan, que siempre están enroscados en la garganta y terminan diluyéndose hasta la próxima reunión. Tal vez por miedo a distanciarnos. O mucho peor, por miedo a enfrentarnos.
La herida queda abierta, seguro, y por mas que la distancia no sea física, existe y es grande.
Me queda el consuelo de no ser partícipe directo de la disputa, de no echar leña al fuego. Espero algún día ser un poco mas fuerte y poder alejarme, junto con mi esposa y mi hijo, de la línea de fuego.
Pero los lazos son fuertes, no será nada fácil.

2 comentarios:

Rama Caída dijo...

Muy fuerte tu escrito JuanPa, considero que hay que tener muchas b... para subir algo así a la Net. Esperamos más Textos!
Rama Caída

Juan Pablo Senice dijo...

Querido Rama!!! gracias por participar y por tu comentario.